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July 30, 2019

Sowing Resilience: Thoughts on Implementation from South to North

Territorios Resilientes

-créditos de video, Sonia Hita Cañadas

Construyendo Resiliencia Desde el Sur Global

La dimensión del drama social en los países en desarrollo o “Sur Global” es relativamente bien conocida. Las grandes desigualdades socioeconómicas, los bajos ingresos, los bajos niveles de esperanza de vida, la corrupción, la violencia, el crimen, la inestabilidad política, etc.

Es necesario reflexionar si este contexto turbulento del Sur global frente a los países desarrollados se debe a una diferencia estructural en la naturaleza de las sociedades en cada caso, y sobre las implicaciones que esto pueda causar en la implementación de iniciativas de resiliencia.

Es razonable afirmar que los desafíos para la construcción de resiliencia, ya sea en las sociedades desarrolladas o en el Sur global, surgen de la misma naturaleza humana y su fragilidad para la organización social, la coexistencia y la adaptación en el ambiente. La diferencia norte-sur radicaría en la complejidad de los diferentes contextos socioeconómicos, culturales y geográficos. Si las diferencias no son en la naturaleza sino en la intensidad de los procesos, entonces la transferencia de conocimiento en dos vías es, más allá que una oportunidad, un mecanismo conveniente para el aprendizaje social.

El "norte" tiene mucho que ofrecer para la construcción de resiliencia, no solo por sus avances tecnológicos, sino también por la consolidación de sus estructuras sociales que proporcionan ventajas comparativas para crear soluciones más satisfactorias o aceptadas. La mayor legitimidad del Estado, la reducida segregación, el mayor nivel de vida, el acceso regulado a los derechos humanos y los servicios públicos, en general, son, sin duda, condiciones apropiadas para aumentar la resiliencia. Sin embargo, en tanto que el drama social del sur y su complejidad dificultan la construcción de la resiliencia, la gobernanza requerida para resolver estos desafíos demandan de una gran creatividad de estas sociedades como condición básica para su supervivencia.

Estas sociedades que asumen la construcción de la resiliencia en el sur global han consolidado habilidades valiosas para sobrellevar su gran nivel de complejidad. La relevancia de insistir en una comunicación sur- norte para la construcción de la resiliencia es evidente, ante el potencial cualitativo  que se resalta desde esta perspectiva. El "Sur" tiene, para ofrecer a la comunidad global de profesionales y académicos de la resiliencia, ésta ventaja comparativa en términos de complejidad y creatividad.

Es razonable sugerir que el futuro de los Estados Unidos está crecientemente ligado a lo que ocurre en América Latina, y aún más, a lo que sucede con la expansión interna de las culturas latinoamericanas dentro de su territorio. El acercamiento a las experiencias del Sur es un mecanismo de anticipación o acercamiento frente a múltiples dinámicas, que tarde o temprano se revelarán con mayor notoriedad dentro de los espacios urbanos. La capacidad de dialogar con esa complejidad del sur resultará cada vez más crítica para abordar de manera resiliente los desafíos.

Sembrando Resiliencia Cultural

La idea de sembrar resiliencia ilustra algunos aspectos deseables que se deben tener en cuenta para los académicos y profesionales. Primero, el sembrar nos remite a una elaboración sobre un sustrato preexistente, no tan tangible como lo que se expresa en la superficie. Ese sustrato, oculto a nuestra sensibilidad inmediata es donde la germinación se hace posible o imposible. Es donde se acumulan los nutrientes que pueden llevar a la aparición de la vida, pero también puede existir un sustrato estéril o incluso tóxico.

Una hipótesis es que en el sur global no es posible sembrar resiliencia sin tener en cuenta el substrato cultural desde el comienzo del proceso. Las iniciativas para aumentar la resiliencia se pueden orientar más adecuadamente desarrollando herramientas para analizar y manejar la configuración del contexto cultural. Cuando se espera promover la resiliencia en las ciudades del mundo desarrollado se debe también tener una estrategia cultural como asunto fundamental.

Hablar sobre sembrar también resulta apropiado para referirnos a esa condición orgánica que caracteriza a la resiliencia como un proceso vivo. La resiliencia debe invocar a las fuerzas vivientes de la sociedad y forjarse a través de la manifestación de éstas. En el Sur es evidente que la materialización del paisaje urbano no se produce en absoluto como una respuesta previsible a los cálculos, modelos o proyecciones racionales, sino más bien, por la agencia de intenciones, voluntades o intereses, que instrumentalizan los cuerpos epistemológicos, normativos e institucionales, o generan los suyos propios, para impulsarse ​de la manera más propicia. La construcción del espacio es, fundamentalmente, una cuestión política, también lo es la construcción de la resiliencia.

Finalmente, hablar de sembrar resiliencia nos permite referirnos a esa a esa actividad humana que debe emprenderse como un paralelo de la agricultura. El sur nos invita a mirar desde esta óptica el campo de acción de la resiliencia. Si la agricultura es el conjunto de técnicas y conocimientos para producir alimentos y materias primas del suelo, ¿cómo llamamos a ese conjunto de técnicas y conocimientos para producir sostenibilidad o resiliencia desde el sustrato de la cultura?

Crecer y Cosechar Resiliencia

El cultivo a nivel local de las fuerzas vivas de la sociedad, a través de iniciativas dirigidas a la transformación de entornos urbanos degradados, permite la germinación de paisajes resilientes. La primera tarea consiste en identificar liderazgos y potencialidades en los actores que giran en torno al territorio. También se deben identificar los procesos históricos o las proyecciones hacia futuro que dan contenido a reivindicaciones con capacidad de inclusión y convocatoria de la población. Muchas de estas reivindicaciones manifiestan deudas pendientes de la sociedad, o de actores específicos, frente al contexto territorial de la intervención. El bagaje histórico de un territorio da cuenta de agendas y compromisos pendientes cuyo cumplimiento desde el poder publico no ha sido alcanzado plenamente. La incorporación de estas agendas y de los actores y recursos comprometidos a través de las mismas, dentro de la ruta de transformación de un territorio, es fundamental para amplificar la convocatoria de un proyecto, y hacer sinergias entre los recursos del mismo y otros recursos que pueden disponerse para el mismo territorio, además, para dotar de soporte las acciones institucionales, pero especialmente, para hacer justicia a esos procesos precedentes, y fortalecer así la confianza en las relaciones entre las instituciones y la ciudadanía; se debe ampliar a su mayor alcance la convocatoria de fuerzas sociales alrededor de una área específica de incidencia de un proyecto de transformación urbana.

A nivel institucional, es preciso acudir a los marcos de competencias. Las instituciones públicas tienen el deber natural de acudir y respaldar la transformación resiliente de un territorio a través del ejercicio de sus funciones específicas. El apalancamiento de recursos institucionales más allá de los recursos propios de un proyecto es una buena manera de dinamizar el ejercicio de la gobernanza, que es un factor fundamental para la construcción de la resiliencia. Además, la presencia institucional para el cumplimiento de sus funciones o compromisos pendientes es un mensaje que no pasa desapercibido en la ciudadanía, ni para quienes demandan dicha presencia institucional desde el ejercicio del control ciudadano, ni para quienes ven en el vacío institucional una oportunidad para su beneficio. Cualquier instrumento o proceso institucional ha requerido para su configuración un importante monto de capital político y social que puede ser movilizado a favor de los  proyectos.

Una oferta institucional amplia y estructurada, de acuerdo con las demandas pasadas,  necesidades presentes, y proyecciones futuras de un territorio, ofrece un soporte significativo para asegurar el impacto de las iniciativas para su transformación. En diferentes experiencias que tuve la oportunidad de promover en Bogotá, el tratamiento de condiciones de riesgo por deslizamiento se convirtió en una oportunidad para abordar problemas locales e impulsar la gobernanza de contextos específicos, a través de la configuración e implementación de planes de acción interinstitucionales, dirigidos a la articulación entre las acciones específicas de los proyectos  y los compromisos y responsabilidades de la administración pública de la ciudad.  Estos planes de acción, la  transformación de paisajes afectados por riesgos ambientales, se constituyeron unos planes de acción interinstitucionales que ligaban las acciones específicas de los proyectos con diferentes compromisos de la administración municipal de Bogotá, y con la correspondiente corresponsabilidad de múltiples organizaciones comunitarias, colectivos sociales, partners académicos, y organizaciones nacionales e internacionales del tercer sector.

Los recursos que se movilizan, y las dinámicas sociales que así se desarrollan, configuran un tejido social que le da vida a las acciones del proyecto, garantizan la sostenibilidad de las acciones puntuales acometidas, y la multiplicación de las mismas, o su  migración hacia niveles de acción de mayor complejidad, por ejemplo insertando nuevas funcionalidades, lógicas o proyecciones en el espacio urbano.

El proceso de cosecha puede ilustrarse con indicadores concretos que dan cuenta del florecimiento y fructificación de las dinámicas sociales estimuladas para producir beneficios concretos en términos de resiliencia. La cantidad de partes interesadas involucradas, el financiamiento adicional apalancado y los recursos incorporados al proceso a partir del capital semilla del proyecto, la cantidad de acuerdos reflejados en nuevos desarrollos institucionales o la implementación de acciones conjuntas.

A modo de ejemplo, se presenta la promoción de actores sociales para multiplicar un caso real de transformación territorial en un polígono amenazado por el alto riesgo de deslizamientos de tierra en la Cordillera Sur, un lugar ubicado en los suburbios informales del sur de Bogotá, Colombia. La conclusión es que la estimulación de las fuerzas vivas en la sociedad hace posible la transformación de paisajes peligrosos en territorios resilientes. Veamos cómo se puede duplicar o asimilar esto en el norte y en todo el mundo.

- por Duvan Lopez Meneses | Subdirector Técnico de Gestión de Riesgos, Ciudad de Bogotá 2012-2015 | Universidad Politécnica de Cataluña, España

**ENGLISH TRANSLATION**

Applying Resilience from the Global South

The dimension of social drama in the global south is relatively well known. Because of the elements of socioeconomic inequalities, low levels of life expectancy, low incomes, violence, corruption, crime, and instability, it is necessary to reflect on whether or not this context of the global south implies a structural difference in the very nature of the social fabric, which thus impacts the implementation of resilience initiatives.

It is reasonable to affirm that the challenges in building resilience, whether in developed societies or in the global south, result from the same human nature and fragility for social organization, coexistence, and adaptation in the environment. The difference north – south would lie in the complexities of different socio-economic, cultural, and geographic contexts. If the differences are not in the nature but in the intensity of the processes (complexities), then the transfer of knowledge in two ways is an opportunity, a convenient mechanism of social learning and resilience building.

The "north" has much to offer in terms of building resilience, not only because of its technological advances, but also because of the consolidation in its social structures that provide comparative advantages for making solutions that are socially accepted. The greater legitimacy of State, lower segregation, higher standard of living, and regulated access to human rights and public services are undoubtedly appropriate conditions to increase resiliency. While, the social drama and added complexities of the south make resilience building an even more difficult goal to achieve. Governance required to navigate these challenges demand great creativity from societies in order to meet even a basic condition of survival.

Societies that tackle the construction of resilience in the global south have built a valuable skill in overcoming this higher degree of complexity. When we speak on the qualitative potential for the construction of resilience from this perspective, the relevance of insisting on a South – North communication path is quite evident. The south has added experience in the trajectory of complexity and emergent creativity to offer the global community of resiliency practitioners and scholars.

It is reasonable to suggest that the future in the United States is increasingly linked to what happens in Latin America, and even more, to what happens with the expansion of Latin American culture within the USA. The experiences of the global south can result in a mechanisms of anticipation, or zoom in on multiple dynamics, which sooner or later will become revealed with greater notoriety within the cities of the USA. The ability of the USA to enter into a dialog on these complexities will serve as a catalyst for building resilience.

Sowing Cultural Resilience

This idea of sowing resilience in the field of culture shows desirable outcomes for scholars and practitioners.  First, sowing refers to many processes that are not visible or tangible on the surface, which set the foundation for growth. The substrate under the surface, even hidden to our immediate sensibility, is the place where germination is possible or impossible. It is where the nutrients that can lead to the emergence of life get accumulated, but it can also exist as a sterile, or even a toxic substrate.

One hypothesis is that in the global south it is not feasible to grow resilience without including the cultural component in the early stages. Initiatives to increment resilience are more properly oriented by developing tools to analyze and deal with the cultural substrate, or the level under the surface. When thinking of implementing resilience in the cities of the developed world, one should also include a cultural strategy as a basic necessity.

Sowing also refers to the treatment of resilience as a living, organic process. Resilience must invoke the living forces of society and be forged through the manifestation of these. In the south it is evident that the materialization of the urban landscape does not occur at all as a foreseeable response to rational calculations, models or projections, but rather by the agency of intentions, wills, or interests. These agencies instrumentalize the epistemological, normative and institutional bodies, or can even generate their own, in order to get driven and flow in a more propitious manner. The construction of space is, fundamentally, a political issue which is also a part of the construction of social resilience.

Finally, talking about sowing resilience also allows us to refer to the human activity that must be undertaken in the parallel of agriculture. The South invites us to look from this perspective at the field of action for resilience. If agriculture is the set of techniques and knowledge to produce food and raw materials from the soil, how can we denominate that set of techniques and knowledge to produce sustainability and resilience in the cultural substrate?

Growing and Harvesting Resilience

Transformation of degraded urban environments by the cultivation of active, living social forces at the local level achieves the germination of resilient landscapes. The first task is to identify leadership and potentialities in the actors that revolve around a territory. The historical processes and projections towards resilient landscapes that are supported and nourished by people (community, social forces, and residents) must also be identified. In many cases, the people claims manifest perceived debts of society, or of specific actors, in the context of the territorial intervention. This historical baggage can account for institutional mechanisms set in place by public officials to establish work agendas and specific commitments whose fulfillment have not been fully achieved. The incorporation of these agendas and the resources committed to the transformation of a territory is fundamental to amplify the call for a transformative project, to make synergies, and to strengthen trust between institutions and citizens; the convocation of social forces for an urban transformation project should be expanded to its broadest scope.

At the institutional level, it is necessary to rely on competency frameworks. Government institutions are the first ones called to express their willingness to participate, and it is their natural duty to do so, precisely through the exercise of their specific functions and competencies. The leveraging of institutional resources beyond those assigned in a project is a good way to enhance successful governance, which is a fundamental factor for the construction of resilience. In addition, the institutional presence and fulfillment of commitments by the government is a message that does not occur unnoticed by citizens who command a governmental presence, or for those who notice an opportunity for benefit within an institutional vacuum; trust is reinforced by government action. Institutional processes and instruments result from a significant amount of political and social capital that can be used in favor of transformational initiatives.

A structured institutional offer according to the past demands, present needs, and future projections provides a meaningful support for progress toward beneficial territorial impacts from transformative resilience initiatives. In different experiences that were carried out in the South and East of Bogotá, Colombia, the alleviation of landslide risk conditions offered an opportunity to evaluate the site conditions and impulse the local governance through the configuration and implementation of inter-institutional action plans used to link specific actions of the projects with different commitments of the public administration of the city. These action plans were also connected by a shared responsibility with multiple community organizations, social groups, academic partners, and national and international organizations of the third sector, non-governmental organizations (NGO). The mobilization of social actors and resources in these locations successfully demonstrates the ability to multiply social resilience into results that transform dangerous landscapes to more resilient territories.

Resilience harvesting may be illustrated in terms of concrete indicators that give account for the dynamics and performance of key social partners involved across an urban landscape, number of stakeholders involved, amount of financial resources mobilized, and the number of consensus upon actions and institutional developments. This “fruition” is manifesting appropriate conditions that are stimulated in the social substrate to produce, at the end, concrete benefits from the resilience work that can be applicable in the north and throughout the world.

-By Duvan Lopez Meneses  | Technical Deputy Director of Risk Management, City of Bogota 2012-2015 | Polytechnic University of Catalonia, Spain